Wednesday, January 7, 2015

Dos tipos de buitres



La bruma baja del monte, como si su única labor fuera empaparnos con su belleza. Las manos místicas que se comen a la selva, la única araña que me ha encantado.

¿Cuántos días llevo aquí? He perdido la cuenta, pero le he visto la cara al mar, su cara de espuma, su rostro, es blanco y de ultratumba, de renacimiento y de tantas cosas que no me atrevo a recordar. Un escritor tiene su límite, cuenta hasta que se cansa, hay veces que debemos dejar al pasado en paz.

El atardecer se postra de nuevo en este paraíso, es el rey, el gran ojo, el ojo rojo, el ojo divino, el que baja por el monte solitario, bien postrado, el ojo secreto que cuenta las historias desde que éramos niños, desde antes que yo aprendiera la lengua anglosajona de aquella isla.

El viento aquí sopla un aire primaveral, sopla como si me fuera a mudar la piel con tan sólo tocar este aire. La brisa viene desde aquellas olas, emana desde aquellas que se rompen como se quiebran los días. Otro día más ha pasado, otro paraíso más ha muerto y con el renace la cultura milenaria de nuestros ancestros.

Hay dos tipos de buitres, de animales carroñeros, los que vuelan con sus caras marcadas, con sus alas negras acariciando el paisaje pacífico y los que nadan. Ah, pero estos que nadan, sólo se tienden sobre el mar, cazan a las olas, se ven a lo lejos en grupos, esperando, pacientes, cazando al océano, los únicos que se atreven a cazar este elemento de la tierra son ellos, todo por un puñado de adrenalina. Dicen que tomar una ola en el tubo es lo más cercano a Poseidón, quien se atreve a desnudar los secretos de las olas se atreve entonces a jugar con los dioses que moran en las profundidades del océano.

Yo me conformo con desnudar mi vida de frente, viendo hacia el horizonte. Donde ya no hay nada. Eso me da adrenalina. Me conformo con mirar a las personas pasear por la playa, algunos que otros reírse por allá, risillas a lo lejos, las parejas bien tomadas por la mano, para que no se olviden de estas memorias, todos me recuerdan muchas cosas.

Algunos niños, juguetones, no tienen nada más que adorar al mar, se divierten tomándose de la mano, como sus padres, yo para mis adentros deseo que los nenitos nunca cambien y que la vida no los quiebre como a las olas y como a mi espíritu, pero es irremediable, aun así les deseo que siempre sean felices. ¿Qué es esta cultura que emana desde la sal?

Aquí la vida es tranquila, un poco sucia por las mañanas pero tranquila, las palmeras no huelen tanto a coco, ya en el amanecer huelen a café, café con un poco de coco. Los muchachos con sus mochilas bien puestas y sus brazos color marrón, marrón dorado, marrón café ya están listos desde temprano para servir, viven para los turistas.

Yo no me equivoqué, llegué al lugar correcto, pero sí me di cuenta que los lugares son lugares y eso es todo, la mente, el espíritu y el cuerpo valen más que un lugar.

En donde sea que estemos se nos debe entrenar para amar, amar mas allá de la playa, mas allá del mar, amar sin ton ni son, amar como se ama en esta cultura, sin importar los fondos monetarios, con humildad, amar desde el fondo, desde las entrañas de nuestro abdomen, amar, darlo todo y aunque se burlen de los amantes de la vida.

Seré un soñador, un trotamundos, seré un errante gitano, pero nunca, nunca, ningún día he dejado de amar y ese es mi legado para el mundo. Adiós Sayulita, gracias por la lección, me has enseñado a amar, amar con sal, amar por simplemente...amar.

Espíritu Ave – Lahat Kan – 4.12

Sayulita, Nayarit, México