Recordando
Vengo caminando
de nuevo con el corazón colgado sobre mi cuello.
Las estrellas
abren el paso y siento mis brazos pesar
con sangre de eternos colores.
Al avanzar, viene
un vaivén de temperamento, me siento verde, a veces me comporto como árbol. Hay
otras veces en que volteo hacia arriba y veo las nubes, entonces vuelo como si
fuera una hoja, un aeroplano, un globo.
Si me acuesto,
los insectos acarician mis sueños y me convierten en víctima de los abismos. Siempre
tengo un ojo abierto por si acaso, pero aun así hay unas noches de eterna calma.
Estoy solo, saco
mi libro metafísico de angustia y arco iris, veo las fotos.
Sé que en el
fondo hay un lugar para meditar y aprovecho que estoy solo.
Me aferro un poco
a los tantos momentos que me brinda la vida y también hay veces que me paralizo
ante los titanes del amor.
Mira, siempre
sale algo a rescatarme, siempre mantengo el corazón lleno, carcajeo de más y
quisiera detener a esa risa que sale disparada como una lanza, mas no puedo.
Entre mis amigos
me llaman el nómada que vuela. Pero como han pasado nubes y también tormentas,
no me dejo volar alto ni saco las alas largas, las mantengo cortas para no errar
tanto.
Quizá en el
futuro el camino se obscurezca más, pero la gaviota que sale de mi pecho y
entra en las dimensiones desconocidas pinta mi mapa. Entonces ya mi bandera se
vuelve un tanto taciturna e invisible y de pronto ya no soy yo…desaparecen los límites.
Félix Medina [Indianápolis
Indiana EEUU 4/12/2012]

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