Entre realidades
Estoy en un
cuarto vacío, todo es blanco. Me despierto y es casi un sueño eterno.
Estoy
volando, suspendido en el aire por medio de alguna fuerza extraña. No soy yo,
pero si reconozco esta fuerza, ya que viene de adentro.
El cariño de
todos los seres antes de mi y delante está sosteniendo mi cuerpo. ¿Será una
nueva ley gravitacional? El espacio no es de oxígeno sino de
pensamiento.
Es casi como si mi cuerpo se alimentara de estas; sirenas
silenciosas, musas del desierto, estos ahogados en mi alma. Sacerdotisas
de estos blancos marítimos desérticos y silenciosos ahogados encuentros.
Destapamos
la creatividad de la mente = infinito.
Nos
elevamos a la máxima potencia de sincronías = Dios.
Regalamos
un hijo = estrellas = tierra.
Cuando
regreso al cuarto blanco solo puedo pensar en escribir acerca de quién soy. Tomar
una pluma y a darle con todo el ser abierto.
De pronto me doy cuenta que el cuarto soy
yo, y que mi cuerpo es transparente, sin sexo, sin género. Que mi sangre es
casi agua y que mi piel es etérea, muy apenas puedo ver algo de materia.
Me doy
vueltas en mi cuarto blanco, eterno budista, ojo divino y sólo puedo aspirar a fantasma.
Soy
más liviano que un águila y más alado que una pluma pero sigo siendo yo.
Meditación
= escritura.
Arqueología
= sueños.
Entendimiento
= reencarnación.
Escrito. Por
la noche. Me dicen. Félix Medina [Indianápolis, en IN en USA II/VII/MMXII]
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