ADN
Te acaricio, así
como hago a la noche.
Silencio, te
visualizo, desapareces.
Así como un mandala dibujado en la bandera,
te vas con el
viento en los colores.
Busco tu escape, y
cada vez menos.
Me escondo y el
escape grita.
Me hago sordo y
no escucho, tan sólo hablo.
Pienso en mis
errores y en este bosque.
Crezco cayendo,
me formo carácter en mi fracaso.
¿Te gusta?
Tus ojos me lo
dicen todo, no hables.
Aún tengo miedo,
pero poco.
Esta poca
victoria, la que cargo, ya nadie me la quita.
Aplasto mi pasado
como si pensara en engullirlo.
Me pongo a cocer
estrellas con la creatividad de la derrota.
Ya no soy ese
hombre me repite el vórtice mental.
De pronto, un torbellino
me conecta a mi ADN, me zumba en el oído.
Vuelvo a soñar el
milagro que me pertenece.
No me puedo esconder,
mi destino al fin llega. Estamos frente a frente.
No me puedo ir,
mi rostro se abre y por fin me transformo en dicha llave.
Yo soy, me lo
repito como si me cansara de mi poesía.
Calma. Aquí estoy.
Ya no me hablas tan
seguido umbral de dolor desvanecido.
¿Dónde estás, sol
que susurra secretos, fuego de la noche?
Ven a mi, querida
fábrica de explosiones, amor que me desbordas las fronteras.
No navegues tan
lejana querida noche.
Mi faro nocturno
muéstrame el multicolor.
Ya no me hablas de
usted destrucción, ya no me diriges ni la mirada mi vida.
Por fin soy ese embrión
de nuevo, creación.
Félix Medina Danel
Indianápolis, Indiana, EUA
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