La voz se
vuelve una sola, ya no es como antes.
Ya los
dedos son de arcoíris, los pies no son de piedra… sino aeroplanos.
Los sueños
aves, el dinero putrefacto cadáver. Lo seco cae y los pantanos son
inexistentes.
Las lágrimas
saben a victoria y no a sal, el abismo de polos puestos es y de abajo hacia
arriba caigo.
Por fin
camino solo, por lo menos ya no corro pensando en encontrarme algo. No me duele
el pecho de tanto cargar. De entrada veo por medio de mis ojos y cuando cae la
aurora me pongo en un estado de enfermedad social, me empapo de enfermedad
social.
Dedos
acuarela, dedos cielos, estelares, alma de almas, noches frías. Vivo entre
estos insectos nocturnos, sin beso, por la noche, sin dueño, sin velo, sin
patrias, sin caras, sin llanto, sin risa, vivo por mis sueños intactos. Y el
objetivo, mi medalla, el ánimo sigue siendo compartido.
Amigos y
cenizas, inicios y finales, caliente y frio, en construcción pero siempre en destrucción:
pinto y borro, cuento y callo: mi vida, globo aerostático, hidroplano, estrella,
lombriz de tierra, inglés, español, blanco y negro: café, pero me gusta con leche, no me suelto tanto, aprendo, ignoro, cuento,
enseño y hasta vivo y muero.
Félix de J. Medina
Indianápolis Indiana, EEUU / 7 de Octubre del
2013
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