Estoy
desnudo ante la luna.
Ella me
calma, me valora, me apasiona tranquilamente y de vez en cuando vivo sólo para
ella.
Somos los
dos un tanto románticos, ella y yo nos platicamos con la mirada, nos vemos y no
nos vemos, nos comprendemos, que al fin de cuentas es lo que importa en una
pareja.
Acontece
que me enamoro fácil, mi problema es mi corazón tan rojo, lunático, mi problema
es social y es espiritual. No me enamoro de ti, ni de ella, sino de la vida. La
luna no me dice nada sólo me mira serenamente mientras yo le leo mi poesía.
Destruyendo-me-voy
construyendo, y aquí en el abismo negro del hallazgo, me voy buscando y encontrando.
Me hago y rehago quien soy. Voy paso a paso descubriendo mis falsos y verdaderos
pensamientos, sentimientos sumisos de mis rostros-ancestros. La luna sonríe, me
lee la mente, ella me está entendiendo.
Los
verdaderos amigos van floreciendo con el tiempo, brotan las caras de quienes te
van conociendo, en el cuello cercanos a ti los llevas como aromas espirituales.
Al último…me
sostengo, sí, pero la luna y las sonrisas de las flores son compañeras divinas,
palabras sabias de calma. Me acaricia el rocío de la noche, ya nada demora. Somos
nosotros, somos nosotros esos vientos de la noche y los calores del verano.
Estoy
desnudo ante la vida, y aunque me quiebro a los treinta, me reencuentro a los
treinta y uno. Me quiero quebrar de nuevo, para saber que se siente ser destrucción
constante.
Félix Medina
XX/VIII/2013
Indianápolis, Indiana, EEUU
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