Acariciamos la noche como si fuera de seda.
Las nubes pasan y se van, la luna apenas se está llenando
con nuestros ojos.
Sentados, en una incógnita, velamos la reluciente y
nueva amistad.
Si dibujas un sol se caen las auroras.
Si pintas con el alma se cae mi visión taciturna.
Yo tan sólo la dejo ir, me reviento en placer con la
lectura de tu mar.
Me da igual, sólo quiero estar aquí.
Prefiero observar esos soles y perderme en tus
paisajes.
Palabras, miradas, silencio de incienso, aquí viene un
tiempo nuevo.
Balcón, me gusta tu sintonía de viaje, tu sinfónica y
melodiosa reparación.
Balcón, me regocijo en los vaivenes de tus infinitos
pensamientos.
Balcón, me convierto en marea, voy contigo y regreso,
pero siempre cediendo.
Soy
madera de navío, ave que echa a volar, cascada recién explorada, flor de loto
en el pantanal. Soy escalera de andancia lenta, timón en mi lateral, verbo que
se encontró, pintura que nunca muere y así apenas conociéndome parto ya.
Félix Medina / 24 de Julio del 2013/ Indianápolis Indiana EUA
*Dedicado a una nueva amistad
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